jueves, 28 de junio de 2007
En su obra Mió Cid Campeador, el poeta Chileno Vicente Huidobro examina los valores del romanticismo en España en el Siglo XI, mostrando los valores humanos mas cotizados de le época, y los contraponiendo con la realidad del tiempo, una era de guerras sangrientas y la arbitrariedad royal.
El autor de esa obra, Vicente Huidobro, es un poeta Chileno que hace de este un poema del Mío Cid, que se interpreta también como un cantar de gesta que en aquella época se utilizaba para contar a la gente lo que ocurría. Era un tipo de noticiero en donde todo muy dinámico y entretenido.
Examinando las cualidades del héroe El Cid, este ensayo demostrará como el autor evoca las calidades románticas de esa época turbulenta en España en el personaje de Rodrigo Díaz de Vivar. Su contexto histórico, los valores y talentos que giraban en su época y las realidades humanas de España forman el entorno para demostrar que es lo que era considerado un héroe.
Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid es el héroe moral de una nación, un personaje virtuoso, con piedad religiosa y amor por la familia, un valeroso e inteligente guerrero. Se nos presenta como un gran héroe que supera su destierro haciendo lo posible y lo imposible por volver a gozar de la confianza del rey, su principal valor es la búsqueda del honor, igual que un caballero en la mesa redonda del famoso Rey Arturo de Inglaterra.
Contexto Histórico
Huidobro usa al Cid para demostrar los valores del romanticismo, utilizando las diferencias entre los buenos vasallos y los malos para argumentar que los buenos saldrán adelante.
A Castilla el Cid le dio un cambio muy grande porque desde que empezó con las batallas fue conquistando más terrenos para su Rey. Al final los habitantes de los pueblos que eran conquistados terminaban agradecidos, ya que les trataron igual que cualquier persona de Castilla, recibiendo los mismos beneficios, porque el Cid lo único que quería era que el Rey se diera cuenta de lo que él podía hacer por él incluyendo grandes ganancias. Pero el Cid aprendió que estas ganancias no eran suficientes y mientras fue creciendo su poder, a su vez fueron creciendo las voces de desconfianza en su contra.
El Rey no quería oír consejos que este héroe le presentaba, celoso por sus éxitos. Y más que nada estaba preocupado por la creencia de que el Cid le pudiera hacer sombra y él pensaba que era muy creído. Pero el héroe de Huidobro nunca perdió la esperanza, siempre mantuvo la calma, por respeto, lealtad y por la promesa que le había hecho al Rey Fernando antes de morir, de siempre apoyar a sus hijos.
Vivar utilizó el dolor que le ocasionó el destierro por parte del rey Alfonso VI para fortalecerse, levantarse y restaurar su honor, retando a las fuerzas en su contra, como buen héroe.
El Rey siguió oyendo las voces del odio de los otros vasallos a pesar de todo el esfuerzo de parte del Cid, y un día el Cid decidió darles una lección, tratando de darles a entender que para todo hay un limité. Este personaje llegó a tener todo a su favor para darle un golpe al Rey de España que lo desterró y humilló, pero no lo hizo porque tenía un concepto elevado de la ética, la justicia, la generosidad y la familia.
También iba a batallas para mostrar su valentía, junto con un ejército que era formado por sus amigos, primos y personas que creían en él.
En el transcurso de su vida hubo muchos factores que al Cid lo daba su fuerza, física y psicológica. Entre ellos era su caballo Babieca. También puso fe en sus espadas, nombrando al primero y favorito Tizona, y a otra casi igual de buena le puso Colada. En poner su confianza en objetos y animales demuestra su fe indominable en los simple y lo crudo.
La última Victoria del Cid fue conseguir Valencia, la tierra de sus sueños, demostrando por fin Huidobro que su héroe termina bien.
CONTEXTO SOCIAL
El nombre Cid fue puesto por la gente del pueblo, y el nombre Campeador nace de las burlas que algunas personas le hicieron a Ruy Díaz, quien eligió burlarse de esas personas y nombrarse a si mismo Campeador.
El Cid se demuestra íntegro en un sentido cristiano, feudal y social. Gracias a esa integridad, gana el respeto de sus vasallos. Su generosidad y fidelidad le hacen recuperar el favor del rey. Es tierno y humano en el amor a su familia y a sus amigos, religioso, cortés, astuto, discreto y valiente en la lucha.
El Cid fue amado por su gente, quienes lo admiraban por el hecho de que a pesar de su corta edad él siempre mostró todos sus valores y talentos. Las personas iban con él a las batallas porque sabían que con él no les faltaría nada y tenían fe en el, su héroe. Y así pobres salían y al final grandes riquezas obtuvieron que en las batallas que iban ganando.
A la hora del destierro mucha gente no se atrevió a abrirle las puertas por miedo a que el Rey Alfonso les pudiera hacer algo, pero eso no quiere decir que ellos no querían. Todo lo contrario se morían de ganas por abrírselas y darle a el y a su ejercito que detrás de el iba, comida y las cosas que podrían necesitar.
Cuando el Cid regresó a Castilla la gente le demostró el gran cariño que sentían por él y hasta lo admiraban más que antes. El Rey al igual lo recibió bien y se sintió agradecido. Todo esto se debió al gran esfuerzo que el Cid hacia por recuperar su honor.
Las relaciones que se establecen entre vasallos y señores, los caballeros y los miembros de la nobleza son reflejo de la sociedad del momento, en la que se vivía un profundo teocentrismo y en la que el honor, el respeto y la obediencia eran principios fundamentales. La historia de la obra tiene lugar a principios de la Edad Media, lo cual implica situaciones sociales, económicas, políticas, religiosas muy complicadas.
TALENTOS Y VALORES
El protagonista Ruy Díaz nació en el año de 1041, una época en donde se peleaba por el honor, la lealtad y para eso la valentía. También la lucha era por conquistar tierras en una época donde no había. La cobardía no era bien vista.
Rodrigo Díaz De Vivar, o el Cid, fue una persona que desde chico siempre se dio conocer por los grandes talentos que siempre mostraba. De joven, mostró que el honor era una de las cosas que más valía y que antes del amor era el honor y la dignidad. Así defendió la gran ofensa que a su padre se había sido hecho, retando al conde que se atrevió a insultarlo. Con esto y cosas que fueron pasando a través de sus años fue dando a conocer su gran valentía y el gran Vasallo que el podría ser, siempre y cuando tuviera un buen Rey. Sus palabras sabias se cumplieron tal cual con el tiempo, cuando el cambio de rey afecto a su propio estatus.
El personaje de Ruy Díaz una persona bastante seguro de sí mismo y no duda cuando el instinto le ha dicho por dónde ir. Es guiado por el corazón y por su fuerza, capacidad e inteligencia. Era un ejemplo de su época, en donde el dirigente del ejército iba al frente de todos sus compañeros, que por supuesto, era el primero en lanzarse a la batalla, dispuesto a dar todo de él.
QUE ES UN HEROE?
Un héroe se define como alguien que tiene rasgos de personalidad idealizados que le permiten llevar a cabo hazañas extraordinarias, beneficiosas por las que se hace famoso y digna de elogio.
El Cid lo logra, logra hacer hazañas que conmueven y benefician a mucha gente de su pueblo y de algunos otros lugares incluyendo al Rey. Logra sus admiraciones y respetos, esto en conjunto con otras cosas logra ser conocido por mucha gente como una persona bondadosa.
Un héroe satisface las definiciones de lo que se considera bueno y noble en su cultura de origen.
Es un buen vasallo y también un buen dirigente de un ejército.
El héroe es a menudo simplemente una persona corriente tratada injustamente por la sociedad que termina prevaleciendo.
En este caso el Cid no es una persona corriente en sus inicios, pero lo que si es cierto es que fue tratado muy injustamente por el Rey Alfonso, pero al fin logra la admiración de este.
El héroe enfrenta pruebas, encuentra aliados y confronta enemigos, de forma que aprende las reglas del mundo especial.
Al ser juzgado el Cid le prueba a todos y principalmente a su Rey quien es, y a quien le sirve y para esto hace una serie de cosa para probarse y probarle a todos de lo que es capaz.
CONCLUCION:
El Cid Campeador es un libro que no solo representa un buen ejemplo del estilo caballerismo y romántica de la época, pero que también nos abre una ventana a los tiempos turbios de esos días. Aprendemos de las estrategias sociales, del poder último del Rey, pero también que el amor y respeto de la gente se quedaba en el líder que mostraba con carácter y afecto por su gente. El libro nos habla de los valores de un tiempo en que el honor fue lo más importante, superando aun al amor que un hombre puede tener por su esposa. Por el honor el Cid llegó a tener casi poder político y físico sobre su propio Rey, paso por ese mismo sentido de honor, nunca abuso de este poder.
Treviño Terrats Alexa Montserrat
“MÍO CID: ¿POESÍA Y SENTIMIENTOS?”
Nombre: Magdalena Cristi Feliú
Curso: II º C
Tema: El Poder de la palabra poética en la narración del “Mío Cid, hazaña”
Para llevar a cabo este ensayo, en primer lugar se expondrán el argumento de la obra y las preguntas que guiarán el desarrollo de este mismo. Posteriormente se desarrollarán tres ideas, de las cuales la principal es la conexión personaje-receptor que se genera a partir de la emotividad del lenguaje poético. Luego se tratará la paradoja del Cid, figura heroica, casi de semidiós versus el ser humano que siente y piensa como cualquier otro, ejemplificando esto con distintas situaciones del libro. Por último se planteará la idea de las emociones como principales causantes del actuar humano, por ende, la importancia de que en el libro no sólo se muestren acontecimientos sino también estos otros aspectos. Para finalizar se retomarán y sintetizarán todos los elementos tratados anteriormente para responder a las interrogantes previamente establecidas.
El libro “Mío Cid Campeador hazaña” es “un pretexto para acumular poesía”[1], según las palabras del mismo Huidobro. Es una novela escrita por un poeta y está completamente cargada de poesía. La obra se “viste” de poesía siendo realmente una novela. Contiene una gran cantidad de recursos literarios, pero, ¿cuál es el efecto que estos logran? ¿Por qué se hace tan importante la utilización de estos a lo largo de la narración? Estos son los planteamientos iniciales para este ensayo, a los cuales se les intentará dar una respuesta a lo largo del mismo.
”Poesía es todo lo que se mueve. El resto es prosa”.
Nicanor Parra.
Como se dice en la frase anterior, la poesía es dinámica, lo que le da un mayor atractivo a lo que se quiere transmitir. Esto porque la poesía se caracteriza por comunicar el ambiente del poeta, tanto interior como exterior, de una forma bella, evocando sentimientos en el receptor. “Si bien, la poesía puede encerrar un hálito de incomprensión o lejanía, sobretodo la antigua, también lleva consigo la magia del encantamiento de la vida”[2]. Este es el caso especial del “Mío Cid Campeador hazaña”; si el receptor está dispuesto a sentir más que a entender, se genera una conexión con los personajes mismos, distinto a lo usual en que, a medida que avanza la historia, uno va formando una imagen mental sobre los acontecimientos. Huidobro, en cambio, con su estilo personal, busca una serie de sentimientos que se relacionen con los que está viviendo el personaje, esto le da a la obra una gracia especial, ya que como se dijo en la cita anterior, la palabra poética presente “lleva consigo la magia del encantamiento de la vida”. Esto es porque la vida sin sentimientos ni emociones no puede serlo, ambos son parte del ser humano, por lo que son inevitablemente parte de ella también. El entendimiento de la historia en sí vendrá después, lo esencial está en que el receptor tenga una reacción que se parezca a la del personaje, para que de esta forma vea, o mejor dicho, viva la historia desde un diferente punto de vista, desde el interior del personaje. Por esto mismo la lectura del libro se hace menos complicada, pues la historia misma se va forjando a partir de los sentimientos provocados, por ejemplo, el hecho de si ganaron o perdieron la batalla pasa a ser un elemento secundario, porque lo que realmente queda es cuál fue el sentimiento que se provocó en el momento. También es importante mencionar que la utilización de la palabra poética no sólo da movimiento a lo que se transmite, sino también fuerza. Los diferentes recursos literarios intensifican las situaciones, tanto para bien como para mal, por lo que las emociones serán más fuertes, y todo tendrá un trasfondo. A través de este estilo, Huidobro logra también transformar de una manera increíble todas las actividades bélicas. Lo que para mucha gente sería desagradable leer, por lo crueles o sanguinarios que pueden llegar a ser algunos hechos, pasa completamente desapercibido, pues al hablar de las diferentes guerras y las muertes de los hombres en batalla, entre otros, lo hace de tal manera que esto no se traduce en algo desagradable, por lo que el problema no está entonces en qué se dice, sino en cómo se dice.
Cabe destacar que con este estilo de escritura se muestra una imagen más humana del Cid, este héroe español, ideal de caballero cristiano, inasequible para muchos, ama, siente, piensa, como cualquier otro hombre. A lo largo del libro, Huidobro va desarrollando los propios pensamientos, sentimientos y emociones del Cid, haciendo partícipe al lector de lo que realmente es una característica esencial en los humanos. Aunque la mayoría de las veces Huidobro lo muestre como un hombre que no vacila, seguro de sus decisiones, siguiendo a toda costa su destino de unificar a España, capaz de ganar con su tropa de cien personas a un ejército de mil (lo que lo dejaría en una categoría de “semidiós”), de todas formas, al detenerse, sus pensamientos vuelven siempre a su amor por España y Jimena. Por ejemplo, al inicio de la obra, cuando Rodrigo acababa de matar al conde Lozano y decide ir a la guerra para ver si puede olvidarse de ella, aún así no deja de recordarla en todo momento. Otra actitud que ejemplifica esto es el hecho de que el Cid, cuando está con Jimena, es más fuerte: al sentir su apoyo y amor incondicional puede contra todo. En cambio, cuando está alejado de ella se desconcentra fácilmente y, aunque gane la batalla por el hecho de que es un muy buen estratega y combatiente, sus ojos están tristes porque lo que su corazón realmente desea es volver a la patria y estar con Jimena, ¿qué más humano que el deseo de querer y sentirse querido? Otro ejemplo podría ser el hecho de que él, vasallo siempre fiel a su rey, se cansa de que éste se ciegue a sí mismo y escuche a los que tantas veces ya lo han traicionado, sólo por miedo a que él se alce por sobre el trono, por lo que después de mucho, deja de intentar ganarse el favor de Alfonso VI, al comprender que éste prefiere rodearse de la gente aduladora de su corte. Pese a lo que el mismo Huidobro nos quiere transmitir al referirse a él como la caracterización y exaltación de España, la poesía, la leyenda, el hombre de la victoria o más bien, el hombre eléctrico, realmente al dejar entrever sus emociones y sentimientos (sus rasgos vulnerables) humaniza aún más esta figura.
“La poesía es la fundación del ser por la palabra. Poéticamente hace el hombre su habitación en la tierra”.
Martin Heidegger.
Esta frase apunta hacia donde se quiere llegar. La palabra poética, presente en este libro, muestra de una forma mucho más completa a todos los personajes. Como se dijo anteriormente, los seres humanos no son sólo una lista de características (simpático, alegre, risueño, gruñón, posesivo, agresivo, y otros), sino también una serie de diversos pensamientos y emociones, con los que de una u otra manera, se justifican las acciones de los mismos, al saber qué fue lo que los movió a actuar así.
Por lo tanto, la palabra poética en el libro “Mío Cid hazaña”, brinda un estilo especial al libro, le otorga cierta gracia, fuerza y sensibilidad. A través de esta se humaniza a este titán, se le da un enfoque completamente diferente a esta gran leyenda. Pero, por sobre todo, su importancia radica en la capacidad de este estilo de evocar en el receptor una serie de sentimientos, para así vivir la historia desde el mismo personaje, logrando de esta manera, un trasfondo para este.
“Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
Como recuerdo, en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza;
El vigor verdadero
Reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa ¡oh Poetas!
Hacedla florecer en el poema;
Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.
El poeta es un pequeño Dios”.
Vicente Huidobro.
EL TRASCENDER DEL HÉROE
El héroe también es el arquetipo universal del hombre que toma la opción heroica, deja la comodidad para adentrarse en aventuras y un mundo desconocido que le pueden traer la gloria o la perdición. Alcanzar la gloria es trascender, es quedar en la memoria y ser valorado a través del tiempo. Todos estamos llamados a trascender, a tomar la opción heroica y construir nuestro propio camino.
El destino llama a seguir hacia adelante y Cid corrió hacia el.
El héroe pasaba por largas migraciones antes de llegar a la conquista final. Ese trayecto también es conocido como el camino del héroe. Ahí fundó ciudades, promulgaba leyes e instituía cultos. Se puede afirmar que Mío Cid cabe dentro de esta descripción.
Rodrigo Ruiz de Vivar fue un significativo ejemplo a seguir en España, ya que era la representación de los ideales de hombre de la época y estos ideales se expandieron por toda Europa ya que España ere un imperio con muchos territorios. Esto hace que el Mío Cid haya podido trascender en la historia quedando inmortalmente en todos los corazones y formando a la España que hoy conocemos. Mío Cid Campeador luchó por Castilla y fue desterrado por razones injustas, por la envidia y el odio que sus enemigos infundieron en el Rey Alfonso. Estaba triste de dejar a su esposa Jimena y a sus hijas, pero el destierro para él fue libertad. Poco a poco se les fueron abriendo las puertas al mundo, al heroísmo y a la gloria. Ganó batallas y se tomó castillos. Se quedó un tiempo en Zaragoza, pero decidió que quería recuperar la amistad del Rey y conquistar Valencia. Luchó contra los moros y ganó la ciudad, y mandó a su primo a hablar con el rey Alfonso para decirle que nunca debió desconfiar de él. Pero de la cima de su gloria pasa al lecho de su agonía. Enfermo, lánguido y resignado, al saber que sus tropas pierden por primera vez, muere.
Vicente Huidobro nos muestra un Cid humano. Fiel a su Rey, aún cuando lo había desterrado de su tierra, Rodrigo siempre buscó su amistad y nunca lo culpó. Era muy inteligente y sabía que el rey Alfonso había sido engañado y mal aconsejado por sus cortesanos, quienes eran los que envidiaban al Cid por todos sus logros y triunfos. Siempre fue fiel a su esposa Jimena. Esperó que ella se enamorara de él y que lo volviera a amar aún después de que mató a su padrino. Pero ella lo perdonó, Jimena sabía que pensó en ella antes de hacerlo.
También nos muestra un Cid católico, con fé en el, encargó a la Virgen en cuando fue desterrado. Era un hombre solidario, de corazón puro y justo. Era el ideal de la época. Tenía mucha fuerza moral, no lo desanimó el destierro ni ninguna otra situación, ya que veía la vida como una aventura o desafío. Gracias a eso salió adelante y por esos motivos fue reconocido como el héroe de esa época.
Mio Cid logró trascender. Fue y sigue siendo un héroe que defendió a su rey, a su pueblo y a sus tierras. Siguiendo todas las ideas que tenía, consiguió todo lo que él quería. Es parte de la literatura, de la vida medieval y de la actual. Alcanzó la gloria y se convirtió en un personaje épico que venció a la vida y a la muerte. Se superó a sí mismo y a los sucesos de su vida, enfrentó todos sus problemas, y siguiendo sus ideales logró la perfección. Nunca tuvo miedo a nada.
Todos estamos llamados a tomar la opción heroica y hacer nuestros propios caminos por el resto de la vida siguiendo el ejemplo del Cid, pero también hay personas que no están llamadas a trascender. Esta palabra tan significante, se refiere a estar o llegar más allá de los límites naturales. Buscar el sentido de la vida y proyectarnos a futuro. Respondernos a las interrogantes de ¿Qué hacemos aquí? Y ¿De dónde venimos?
Pero no todos logran trascender, hay algunos que alcanzan la gloria, pero otros no. Gloria de morir en la guerra o vencerla para seguir luchando. Y sólo aquellos que lo hacen, que logran superar o sobrepasar los límites y cada día vencen a la vida y a la muerte, merecen ser llamados verdaderos héroes. Pero el término héroe se ha ido cambiando, se adquiere otras características que lo diferencian de su pasado ya que no existen metas como las de antes.
Si tenemos un pensamiento más desarrollado con fines y propósitos, buenas intenciónes, que si todos tomamos en cuenta, puede surgir algo mejor. Junto con esto estaremos recordando a este personaje que le demostró a la gente su gran valentía, y nos llama a cada uno a superarnos cada día mas, a vencer el miedo, la injusticia, ver la vida en forma positiva y no temerle tal como lo hizo el rey Alfonso, sino atreverse porque afín lo que cuenta es la meta u el objetivo, y así podríamos trascender y tener una vida más plena.
Y aunque el objetivo o la meta de cada persona sean diferentes, todos estamos llamados a trascender en la vida y a superarnos a nosotros mismos.
Para finalizar puedo decir que El Cid ha trascendido hasta hoy porque nos representa a todos como seres humanos, como personas, representa lo que queremos alcanzar, los valores que deseamos obtener y los ideales que tenemos en nuestras vidas.
Estas virtudes se ven reflejadas en él hasta el último día de su vida e incluso en su muerte.
M. Ignacia Fuenzalida Pinto
II°C
BIBLIOGRAFÍA:
- http://www.definicion.org/heroe
- Libro: Mio Cid Campeador
- Autor: Vicente Huidobro. 1977.
Valores de los personajes principales del Mío Cid
HAZAÑAS DEL MÍO CID
“Los valores que se encarnan en la historia y sus personajes.”
Vicente Huidobro
Los valores normalmente son considerados como virtudes principalmente transmitidas por la educación que los padres nos otorgan. Hay diferentes tipos de valores, uno de ellos es en cuanto a polaridad en la cual hay valores positivos y negativos. Nos basaremos en los valores positivos, entre los cuales se pueden destacar la lealtad, la justicia, el honor, la esperanza y fidelidad, entre otros, los cuales se pueden ver en la historia de Rodrigo Díaz de Vivar, también conocido como el Cid campeador.
Rodrigo Díaz de Vivar es un héroe español que gracias a los valores que le han otorgado sus padres, se convierte en un héroe cristiano, un guerrero fuerte, valiente, leal tanto a España como al rey y como al honor de su familia, tan grande es su honor que ha llegado a elegir salvar el honor de su padre matando al padrino, casi padre, de Jimena, la mujer que ama, arriesgándose a terminar su relación con ella, lo cual se puede demostrar en la siguiente cita: “Jimena le mira con ojos desesperados. Ya sabe lo que ha pasado; el conde le contó todo ayer por la noche, y conociendo a Rodrigo adivina que una tragedia se prepara.
Al verlo saltar sobre el caballo, llena de angustia le grita:
-Rodrigo, ¿qué vas a hacer? Piensa en mí.
-Pienso en mi padre - responde Rodrigo.
-Piensa en mi amor.
-Piensa en mi honor.” (Huidobro, Vicente. Mío Cid Campeador, Hazañas. p. 79 - 80)
Ahí se ve claramente como el Cid prefiere salvar el honor de su padre ante lo que piensa Jimena, se ve que es seguro de sí mismo, lo cual es muy importante, ya que no necesita depender de otras personas y no le importa la opinión de los demás, quienes le tenían mucha envidia, llegando a crear grandes defectos de él. Uno de los ejemplos es García Ordóñez, quien estando celoso del Cid, le comienza a decir al rey Alfonso VI falsas cosas del Cid, como por ejemplo que el Cid quiere quitarle el trono. Esto se puede apreciar en la siguiente cita: “(…) Pero
- Rey Alfonso, rey Alfonso, el Cid se cree más que tú. Entre él y tú, tu pueblo está por él. No lo dejes alzarse mucho, no sea que un día te aplaste. Es un hombre orgulloso, y donde está presente no hay nadie más que él. (…) Rey Alfonso, rey Alfonso, García Ordóñez será tu hombre; aleja de ti a Rodrigo (…)” (Huidobro, Vicente. Mío Cid Campeador, Hazañas. Pp. 258)
Aquí se muestra claramente como García Ordóñez, representado por la Envidia, le muestra al rey una falsa imagen de Rodrigo. Este es el hecho que hace que el rey destierre al Cid.
El Cid, aunque haya sido desterrado por el rey, sigue mostrando lealtad a la corona española, ya que al vencer a los moros, cumple su promesa con el rey llevándole el botín de guerra capturado en batalla, de este modo, logra hacer que el rey le tenga respeto y cariño de nuevo, y de esta forma, ser aceptado nuevamente en España.
Los amigos que acompañan al Cid también muestran algunos valores, Martín Antolínez, Per Bermúdez y Álvar Fáñez, se muestran siempre leales tanto a Rodrigo Díaz de Vivar, como al rey y a España, acompañan al Cid a las batallas y a donde vaya. Son valientes y fieles compañeros.
Otra de las personas que siempre estuvo ahí para Rodrigo Díaz de Vivar fue Jimena. Ella y el Cid desde el principio de la novela tuvieron un romance, se puede decir que fue amor a primera vista. Todo iba bien, ambos se amaban y ambos lo sabían, pero este romance se vio interrumpido, como había explicado antes, cuando el Cid mata al padrino de Jimena para salvar el honor de su padre.
Después de este hecho, ambos se separan, Jimena queda sola, y aún después de lo que ocurrió, jamás olvida al Cid, y está dispuesta a esperar por su regreso sin traicionarlo. Siempre espera noticias de él para saber si está bien. Nunca pierde la esperanza de que alguien llegue con la noticia de que Ruy Díaz de Vivar viene de vuelta sano y salvo.
Por lo tanto, se puede ver que Jimena es fiel, espera al Cid sin importar lo que pase. Y aún sabiendo que estaba en la guerra y que podía morir, nunca lo traicionó, siempre mantuvo la esperanza de que él regrese a su lado.
En esta novela, se puede apreciar que los valores positivos de los personajes son muy semejantes. Se puede distinguir que los valores apreciados en la época son ser valiente, leal tanto al rey español, como a España, y como al honor de la familia, ya que si alguien ha perdido el honor, uno debe vengarse sin importar de quién se trate. Se ve que deben ser valientes y fuertes.
También se puede apreciar que las mujeres de la época eran leales a sus esposos, quienes iban a la guerra y ellas los esperaban con la esperanza de recibir la noticia de que regresan a su lado sanos y salvo.
Todos estos valores se han ido perdiendo a lo largo de la historia, ya que se ha ido perdiendo el patriotismo, el tema del honor de la familia no tiene el mismo peso que en aquella época.
Los valores de las mujeres también se han ido perdiendo, ya que no todas las mujeres son leales tanto a sus esposos como novios. Lo mismo ocurre con los hombres, si bien no todos van a la guerra, solo basta con que desaparezcan un tiempo para perder a la pareja.
Yo opino que la mayoría de los valores que los personajes que el libro muestra son buenos, y al comparar ambas épocas me he dado cuenta los valores que han ido desapareciendo, lo cual encuentro que está mal, ya que nos vamos destruyendo como persona. Encuentro que ir perdiendo el valor de lealtad tanto como pareja como con las amistades nos destruyen por dentro, ya que la lealtad es un valor precioso que deberíamos pensar en volver a retomar.
Bibliografía:
Libro Mío Cid campeador, Hazañas.
Diccionario Real Academia Española.
M. José Dibán
Posición valórica del hombre en la Edad Media: Virtudes y defectos.
Centrando la mirada en los personajes de “Las hazañas de Mío Cid Campeador”
Rodrigo Díaz de Vivar, Mío Cid Campeador, gran guerrero burgués y caballero de Castilla. A lo largo de su vida recorrió extensos territorios, luchó contra los moros, conquistó naciones y fue capaz de unificar España, consolidándola como una sola gran nación. Nada de eso hubiese sido posible sin la constante ayuda de sus más fieles amigos, Alvar Fañez y Martín Antolínez, que junto con Per Vermúdez, siempre formaron parte de la hueste del Cid y nunca dejaron de creer en sus aventureras hazañas.
En la historia no participan solamente los personajes anteriormente nombrados, sino que también aparecen el rey de Castilla, Alfonso VI, Jimena Díaz Rodrigues, esposa de Mío Cid, sus hijas María y Cristina, sus padres Diego Laínez y Teresa Álvarez, y también variados personajes moros, de los cuales puedo nombrar a Almutamin y Almondir.
Este libro narra hechos que ocurrieron en la época medieval, en el cual se pueden encontrar diversos tipos de temas en cuestión. A la vez, se señalan implícitamente ciertos valores esenciales del período que marcan la diferencia entre cada persona y construyen una identidad. No solo son virtudes las que construyen una identidad sino, también, los defectos o antivalores son parte de nuestra esencia humana.
A modo de desarrollo, relataré detalladamente, como Ruy Díaz y los personajes de esta obra, resuelven vivir y desglosar sus virtudes, cada cual llevada a su propio contexto de vida y leyenda.
La “lealtad”, es un valor que hoy día estamos comenzando a extrañar. Sin embargo, en los tiempos de la época del medioevo se trataba con suma franqueza. Todos los acuerdos que se tomaban de palabra, no eran para sostenerlos por un corto tiempo, sino que perduraban en el tiempo. Entre reyes y caballeros, caballeros y vasallos, siempre existió una conexión lejana, pero al momento de vincularse unos a otros por medio de la palabra, se dejaban de extrañar la barreras, y por encima de todo perduraba la emoción y el encantamiento del comprometerse con el otro.
Vicente Huidobro en su obra, nos hace referencia al “amor” relatando como con los años, la figura de su protagonista se va agrandando hasta transformarse en el más respetado de los señores. Mío Cid se enamoró de la vida, de su corcel Babieca, de Jimena y de España. Pero por sobre todo de España la cual amó con entusiasmo y pasión, llegando a tal punto que su esposa alguna vez se dijo y soñó, que ya no tenía hombre, pues este último se habría largado con su queridísimo país, se sintió sobrepasada, completamente en desdicha y bajeza. Jimena sabe y está conciente de que el hombre con quién se casó ama más a España que a ella. “En realidad yo no tengo marido y querría saber si Rodrigo se ha casado conmigo o con España. ¡Pobre doña Jimena: el Cid no os pertenece ni se pertenece a sí mismo!” (Página 192)
“Fidelidad” es un término que usamos comúnmente para referirnos a lo esencial de una relación. De esta manera nos unimos en compromiso para tener confianza, hacer culto de la verdad y compartir vivencias con el ser querido y/o amado. Esta virtud, se reencarna con pasión en el Cid, pues demostraba con fervor su cariño y lealtad hacia su rey y sus vasallos. Todo esto queda demostrado en los actos de Ruy, debido a que constantemente tras cada batalla donde la victoria se hacía presente, el botín obtenido era repartido con equitativa generosidad entre el Cid y sus vasallos. Así mismo, mostraba su fidelidad al rey, pese a que él mismo lo desterró, enviándole cada ciertos períodos de tiempo, distintos tipos de obsequios, tales como caballos, oro y piedras preciosas. “Id a Castilla y llevad al rey Alfonso, el ingrato, cien magníficos caballos ricamente enjaezados, cien esclavos moros que los guíen por la brida y cien llaves de las ciudades y castillos que he ganado. (…) Se diría que quiere demostrarle que aun en medio de triunfos (…) sigue siendo el vasallo leal por excelencia” (pagina 271)
La “justicia” hace referencia a algo que no deber ser mejor para unos ni mejor para otros. Si observamos la justicia con altura de mira, nos damos cuenta que quien aplica justicia debe ser imparcial, no puede tener prejuicios ni acusaciones previas contra ninguna de las partes. Así mismo lo hizo Mío Cid Campeador quien con gran altivez siempre impuso justicia en su mando. Luego de cada batalla el tiempo de descanso para él y su hueste era óptimo, al momento de repartir el botín no había quejas, todos estaban de acuerdo. “Una vez reunidas las riquezas conquistadas por ambos, el buen Cid ofrece a Alvar Fáñez la quinta parte de todo. –Mucho os lo agradezco, (…) pero yo no tomaré dineros que solo a vos os pertenecen. Manda el Cid a repartir el botín y que los repartidores hagan su recibo.” (pág. 218). Por tanto podemos decir que Ruy Díaz, fue un hombre que tras su formación dura y cerrada, practicó la justicia tal como debía ser, y mostró en España una imperiosa y suprema manera de juzgar.
A continuación, desglosaré los antivalores de los hombres del medioevo.
La “crueldad”. El tiempo histórico que vivieron estos caballeros no fue el más fácil. Fueron épocas de guerra, frías, llenas de sombra y tinieblas. Díaz de Vivar vivió entre pasajes oscuros y desesperanzados. Por esto, cada vasallo en su formación, recibía la capacidad suculenta de no tener piedad frente a cualquier enemigo que debía ser ejecutado, reaccionaban con atrocidad y sin mayor instrucción empuñaban su espada, cortaban cabezas y trituraban enemigos. Sin duda el mayor acto de crueldad que podemos encontrar en esta época es lo que podría llamar “burlar al muerto”. A modo de venganza y humillación, el Cid se llevaba como preciosos trofeos de guerra, manos, cabezas y pies ejecutados de sus enemigos. “Rodrigo (…) se lanza a fondo rápido, en un salto, y su espada se hunde en el pecho de Lozano. El conde se desploma al suelo pesadamente y en un gesto automático levanta la mano derecha (…) Rodrigo, con una agilidad felina, al ver la mano levantada, de un solo tajo la echa a volar por el aire” (página 65).
La “envidia” en nuestra historia se pronostica como un antivalor importante, la infelicidad de necesitar o querer más de la cuenta algo que otra persona posee, hace caer al personaje en banalidades que no podemos entender con el uso de la razón. Por medio de la envidia, vemos cómo se va perdiendo el sentido de la originalidad, el sentido de lo único y lo propio. La envidia convence completamente al rey Alfonso que el Cid está tratando de obtener más poder que él, su rey, haciéndolo sufrir miedos e inseguridades. Por eso mismo, el rey Alfonso, celoso de los seguidores del Cid, del arrastre que este está teniendo, cegado de sí mismo manda a Ruy a cobrar parias a los reyes de Córdoba y Sevilla y a poner orden en Andalucía, así evitó tener contacto con el Cid por algún tiempo.
Por último nombraré la “venganza”, extraño pensamiento que aparece en las mentes de los desdichados que han sufrido de algún mal causado por alguien ajeno a él, y al cual deben hacer sufrir en igual o mayor medida para intentar mitigar el daño. En la historia del Cid, la venganza aparece al comienzo. El conde Gómez de Orgaz, más conocido como conde Lozano quien era el padrino de Jimena; que en ese entonces no era esposa de Ruy todavía, manchó el honor de Diego Laínez, padre del Campeador, con una bofetada. En la época medieval el honor de las personas y de la familia era importantísimo, “El honor tiene razones que el corazón no entiende, lo que no impide que el corazón hable y se queje.” (Página 66). Es por eso que el Cid apenas supo el nombre del infame señor fue en su búsqueda, lo halló y tras una dura lucha de espadas que iban de arriba abajo, la tizona del Cid se hundió el pecho del conde, terminando así con su vida.
Tras esta impecable definición de cada valor y antivalor de los hombres medievales, concluiré mi ensayo con una síntesis de las virtudes y defectos del hombre en esa época.
El protagonista de nuestra historia nos da a conocer un estilo de vida que no se asemeja para nada a la de hoy en día. Por tanto, podemos resaltar en ese contexto, valores como la lealtad, el amor, la valentía, la fidelidad y la justicia, que son los que consagran a cada persona por lo que es. Por otra parte, Mio Cid Campeador, junto a los grandes caballeros y reyes de los tiempos, poseían intrínsecamente su lado turbio dando a conocer así su lado maligno, donde la crueldad, la venganza y la envidia se apoderaron mas de alguna vez de sus actos, pensamientos y sabidurías.
Bibliografía:
- Vicente Huidobro, Mío Cid Campeador Hazaña. Editorial universitaria, edición especial para el V centenario.
Bernardita Astaburuaga Coddou. IIº medio C.
MÍO CID: HÉROE INMORTAL
Rodrigo Díaz de Vivar, también conocido como Mío Cid Campeador, es un héroe cuya trascendencia se ha extendido a través de la historia, la literatura y la humanidad. Vivió, probablemente, entre los años 1043 y 1050 en Vivar. Era hijo de Diego Laínez y de Teresa Rodríguez. Al quedar huérfano de padre, se crió en la corte del rey Fernando junto al príncipe Sancho, de cuyo séquito formaba parte. Fue investido caballero alrededor del año 1060 y luchó en gran cantidad de batallas ganándolas, tomado gran importancia en la reconquista española. Su muerte fue en Valencia entre mayo y julio de 1099 debido a una enfermedad.
En cuanto a la historia, la trascendencia del Cid se centra en el importante papel que desarrolló en la reconquista española, recuperando grandes territorios perdidos en la expansión musulmana. Le dio a la reconquista un espíritu caballeresco, un matiz épico digno de una epopeya, unificando heroicamente a España. A lo largo de la historia el Mío Cid ha sido estudiado y representado más de un centenar de veces. Hasta hoy en día es tomado como ejemplo; la figura del Cid sigue tan vigente hoy en día que hace unos pocos años se estreno una película titulada “El Cid”.
La literatura ha tomado el personaje del Cid en repetidas ocasiones y en base a él se han escrito muchas obras como: “El cantar del Mío Cid”, “Mío Cid campeador hazañas”, “Las mocedades del Cid” y muchas otras a lo largo de la historia, convirtiéndolo en un héroe literario de gran importancia. Todas estas obras han dado origen a un héroe literario el cual, como veremos más adelante, tiene ciertas diferenciaciones así como importantes similitudes con el héroe presentado en la historia.
Como todo héroe Rodrigo Díaz de Vivar encarna los valores de la humanidad, volviéndose un modelo a seguir. Los principales valores que se reflejan en el Cid son:
La justicia, el Cid era un hombre realmente justo lo que se ve demostrado, por ejemplo, en la repartición de los bienes obtenidos en las batallas.
La lealtad, el campeador siempre fue fiel al rey, aunque este lo desterró más de una vez.
Religioso, la religión era fundamental en la Edad Media y el Cid fue siempre un cristiano ejemplar.
Valor, el que demostró en las batallas y en la vida: nada logró vencer la valentía de Rodrigo Díaz de Vivar.
Autocontrol que le permite tomar las decisiones correctas y no dejarse llevar por la codicia.
Amor, el amor por su familia, su patria y sus hombre fue incomparable.
Así se pueden seguir nombrando cualidades del Mío Cid que son tan relevantes que se considera que aportaron a la formación de la identidad española.
La trascendencia del Cid es tan grande que se mezcla la realidad histórica con la literatura o dicho de otra manera el límite entre la realidad y la leyenda son inciertos, es difícil distinguir donde termina uno y empieza el otro, lo que se traduce en la coexistencia de un personaje histórico y un héroe literario.
Algunas de las principales diferencias entre el héroe literario y el histórico son:
Los nombres de las hijas son diferentes en la literatura y en la historia, la existencia de un hijo hombre del Cid tampoco se menciona en algunos textos literarios. El Cantar cuenta la historia de un destierro siendo que el Cid fue desterrado dos veces y más largo de lo que se cuenta. Las causas de estos destierros también fueron diferentes, la principal razón del enojo del rey con el Campeador fue que este fue el que le tomó el juramento de su participación en la muerte de su hermano, el rey que le precedió. Un hecho que no se menciona en la literatura es que Rodrigo Díaz de Vivar se crió como compañero de armas del hermano mayor del rey Alfonso VI. Por último las fechas también difieren en los libros y en la historia.
Aunque existan estas diferencias en cuanto a la historia y a la literatura el espíritu del Mío Cid es idéntico en ambas, su valentía, justicia y lealtad se mantienen intactas. De hecho las diferencias no afectan a su trascendencia, pues ninguna le disminuye su valor.
El libro “Mío Cid campeador hazañas” de Vicente Huidobro es un buen ejemplo de la trascendencia de los héroes como el Cid, ya que fue escrito mucho años después de que la historia del campeador tuviera su inicio y su final.
En este libro, la historia con la leyenda están entrelazadas. Como bien explica el poeta al principio del libro se basó tanto en el cantar, el romancero y la historia. “Para evitar desorientaciones posibles, debo también advertir al lector que en los datos sobre el Cid, a veces he seguido al Cantar, al Romancero y a la Gesta, y otras veces he seguido la historia. Así, por ejemplo, la poesía dice que el Cid mató al padre de Jimena, el Conde Lozano, y la historia nos enseña que eso es falso, pues Jimena no era hija de tal conde, sino del Conde Oviedo, Diego Rodríguez.” (p. 7)
El Rodrigo Díaz de Vivar presentado en este libro es un héroe que es considerado un milagro desde el mismo momento de su concepción, un héroe que motiva a los caballeros en la guerra que irradia valentía y braveza lo que les da fuerza para lograr triunfos y ninguna derrota. “Sus huestes eran las mismas, los mismos hombres habituados a vencer; pero ahora les había faltado la corriente eléctrica, la fuerza motriz que salía por los ojos del terrible jefe y les centuplicaba el poder” (tomo dos p.165). Tan importante era el héroe que sin él sus tropas fueron derrotadas, y su presencia, aún después de muerto, les llevó a la victoria.
En la novela el Cid es considerado tan importante, tan trascendente que el poeta llega a referirse a él como el amor de España, en repetidas veces muestra el lazo único entre España y él. “Rodrigo ama a España y España ama a Rodrigo. El uno se funde en el otro.” (p.72). También le otorga enorme importancia a sus pertenencias más personales. Así su caballo Babieca es considerado como un semidios, para el que el autor llega a pedir un templo y se refiere a sus espadas, Colada, y especialmente, Tizona como si tuvieran vida propia.
Para concluir, vemos que muchos años después de que existiera el personaje histórico, el Mío Cid sigue siendo considerado uno de los grandes protagonistas de la historia española, una inspiración para la literatura y un hombre que, al igual que todo héroe, encarna los valores de su época y los de la humanidad y del cual vale la pena seguir estudiando y aprendiendo. La trascendencia de este hombre es tan grande que me atrevo a decir que ha alcanzado la inmortalidad en la memoria de la humanidad.
Begoña Galilea
¿QUÉ HIZO RODRIGO DÍAZ DE VIVAR PARA SER UN HÉROE?
El concepto de héroe nació en la cultura griega. En la vida del héroe hay etapas claves que se ven manifestadas en la obra "El Cid Campeador. Hazaña". Por ejemplo, el mito heroico comenzaba con el mismo nacimiento del nombrado, lo que coincide con el libro, y se le daba un carácter divino. En la obra, en el capítulo "Procreación", el mismo Diego Laínez afirma que la noche que compartió con Teresa Álvarez "tenía sabor a milagro".
El héroe pasaba por largas migraciones antes de llegar a la conquista final. Ese trayecto también es conocido como el camino del héroe. Ahí fundaba ciudades, promulgaba leyes e instituía cultos. Se puede afirmar que Mío Cid cabe dentro de esta descripción.
Ahora bien, hay otra descripción para héroe. No es sólo aquel que ejecuta una hazaña impresionante, hay algo detrás, algo de carácter más moral. Es la actitud de esa persona, su carácter, su manera de ser. Esas son las cosas que hacen de una persona un héroe. Porque no debe de serlo para sí mismo, sino para el pueblo, para su gente. Debe de ser un modelo a seguir, alguien que cumpla con todas las expectativas de la época. Porque en cada etapa de la historia han habido diferentes héroes por los distintos tipos de vida. En la Edad Antigua, el héroe era aquel nacido de algún dios, que combatía contra monstruos. Durante el Renacimiento, el modelo a seguir sería el intelectual o el artista. Y así seguiría cambiando. Pero en la Edad Media, el modelo sería el caballero de las Cruzadas. Aquel hombre fuerte, valeroso, compasivo, gentil con las mujeres y ancianos, leal y religioso. Y todas esas características son las propias de Rodrigo Díaz de Vivar.
Ruy Díaz no realizó todas sus empresas conquistadoras con el fin de enriquecerse a sí mismo. Por el contrario, el luchaba para enriquecer a su rey. Un rey que en muchas ocasiones dudó de Rodrigo y más de alguna injusticia cometió en su contra, tal como su destierro de Castilla. Aún así, el Cid hacía oídos sordos a los consejos de sus amigos, quienes lo incentivaban a rebelarse, demostrando tener una alta fidelidad.
Durante la Edad Media el honor era una característica fundamental para alguien y el Cid no carecía de él. Es más, era capaz de mantener su honor a costa de su propia felicidad. Me refiero a la disputa entre Diego Laínez y el conde Lozano, cuando este último ofende gravemente al padre de Rodrigo. Éste debía salvar su honor matando al conde, pero el precio sería alto, pues el ofensor era padrino de Jimena Rodríguez, la enamorada del Cid. Ella le ruega a Ruy Díaz que no mate a su padrino, que ha sido como un padre para ella. Si él llegara a hacerle daño, Jimena le odiaría. A pesar de eso, Rodrigo cumple con su decisión, poniendo en claro que colocará su honor y responsabilidades siempre por delante.
Otro valor del Cid que le convertiría en un héroe memorable es su piedad, característica que todo caballero medieval que se precie debía tener. Rodrigo Díaz se mostraba muy compasivo tras tomar una ciudad. En lugar de matar a los moros lugareños o de venderlos como esclavos, lo que de seguro hubiera hecho otro en su lugar, Mío Cid les dejaba vivir nuevamente en su tierra, mostrando una grandeza de corazón con la cual se ganaría tanto el respeto de los españoles como el de los moros.
Hay algo más que vale la pena mencionar dentro de las particularidades de Rodrigo Díaz de Vivar. Su enorme éxito en el campo de batalla no hubiera sido posible de no ser por su fuerza y astucia a la hora de combatir. De hecho, me hizo pensar, siguiendo con el origen heroico griego, en una mezcla de Aquiles y Ulises. Ambos fueron notables héroes, pero muy diferentes. Mientras uno representaba la fuerza física, Ulises simbolizaba la fuerza mental. Ambas cualidades aparecen armoniosamente personificadas en Mío Cid, pues era un gran estratega, muy ingenioso y terriblemente fuerte a la hora de pelear. Los moros sólo al verlo entrar en combate huían atemorizados, por lo que su fuerza física también fue un punto reconocido.
En el libro, describen a Ruy Díaz de ciertas maneras, dándole, aparte de los valores, otros elementos de gran importancia. En primer lugar, hablan de la larga barba del Cid y la reiteran a lo largo de la obra. Y no sólo de la de él, sino que la de muchos otros. Esto se debe a que la barba en ese tiempo era un tipo de símbolo de virilidad y de fuerza. En una escena en especial, se muestra al Cid cometiendo una de las mayores humillaciones hacia otro hombre, que era tirarle la barba. Ese gesto se puede interpretar como que Rodrigo estaba poniendo en ridículo la masculinidad de su contrincante.
Otro elemento es Tizona, la espada de Ruy Díaz. En el capítulo dedicado a ella hablan cómo ésta era una prolongación del Cid. Y aunque a Colada, su segunda espada, casi no la mencionan, ambas son símbolos de la victoria y valentía.
Aunque hayan parecido cosas sin importancia, la barba y las espadas son importantes símbolos de la época que hablan favorablemente de Rodrigo Díaz de Vivar, de su gran valor y fuerza, factores imprescindibles para los hombres de ese tiempo.
Como hemos podido ver a lo largo de este ensayo, Rodrigo Díaz de Vivar fue un gran hombre en su tiempo, un reconocido héroe que aún se recuerda. Pero ahora sabemos que no fue solamente por sus grandes hazañas conquistadoras, las cuales ayudaron a España a recuperar sus tierras de los moros. Hubo algo mucho mayor y fue que Rodrigo Díaz, Mío Cid llegó a ser el máximo modelo a seguir de su tiempo. Encarnaba el prototipo de caballero con todas sus virtudes en el máximo punto: fuerte, valeroso, justo, leal, prudente, culto, astuto y guerrero. Estas virtudes se ven reflejadas en él hasta el último día de su vida e incluso en su muerte, cuando astutamente pide que lo monten una vez más en su caballo, Babieca. Los moros al verlo llegar, huyen despavoridos. Esta táctica refleja de muy buena manera su inteligencia.
Un hombre sumamente valiente y con una gran fortaleza moral, ya que el hecho de haber sido desterrado no lo detuvo, encarna perfectamente el tipo de héroe que se esperaba durante la Edad Media, un héroe que llegaría a ser querido por cristianos y moros, por personas medievales y contemporáneas, pues en España muchos quieren a Rodrigo Díaz de Vivar, el héroe que los llevara a la victoria.
Bibliografía: “Mío Cid Campeador. Hazaña”, Vicente Huidobro, Editorial
Andrés Bello, Quinta Edición, Santiago 1975.
Nombre: Pierina Cicali